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Robin y Marian

Poster for the movie ""

Título original: Robin and Marian

Richard Lester. 1976. United Kingdom, United States of America.
Acción Aventura Drama Romance

Richard Lester (Pennsylvania, 1932), quien se dio a conocer por películas musicales como ¡Qué noche la de aquel día! (Richard Lester, 1964) o Help! (Richard Lester, 1965), de los Beatles, había rodado anteriormente sendas películas de acción que habían obtenido buena acogida tanto entre el público como entre la crítica. Hablamos de Los tres mosqueteros (Richard Lester, 1973) y su secuela de 1974. En Robin y Marian (Richard Lester, 1976), el director estadounidense logró un resultado más que aceptable, aunque algo irregular. Una obra original, diferente, dotada de una ligera carga poética que se equilibra con algún toque de humor (más o menos afortunado) gracias a lo cual sigue siendo una película que merece verse, a pesar del inexorable paso del tiempo.

La puesta en escena, la fotografía y la banda sonora evocan a los westerns que en aquella época presentaban directores como Sam Peckinpah: héroes desencantados y solitarios, con sus ideales intactos a pesar de los años. Las localizaciones, en Zamora, Navarra y el País Vasco ayudan en este sentido, aportando un punto intermedio entre la verde Inglaterra y el árido Oeste Americano.

Los dos actores principales logran crear un ambiente intimista y convincente. Audrey Hepburn aceptó el papel de Marian tras más de ocho años alejada de los platós, mientras que Sean Connery lograría relanzar su carrera, demasiado influenciada por su personaje como James Bond.

El resto del reparto está a la altura de sus protagonistas. Nicol Williamson está impecable al interpretar al fiel Little John, el fiel compañero de Robin Hood, cuya lealtad le llevará a renunciar al secreto amor que siente por Marian; el Sherrif de Nottingham que interpreta Robert Shaw, transmite un cuidado equilibrio entre el odio y la admiración sincera que profesa por Robin, su acérrimo enemigo. Y Richard Harris está brillante en el personaje del rey Ricardo, ofreciéndonos una revisión del mito que todavía hoy eclipsa a la versión bonachona y pueril de su antecesora.

El amor en Robin y Marian

Robin y Marian nos narra el reencuentro de los dos amantes tras veinte años de separación, y nos introduce en el amor adulto, haciéndonos reflexionar sobre las ocasiones perdidas, sobre la importancia de saber aprovechar las oportunidades que nos ofrece la vida, y sobre la necesidad de anteponer el amor a otros ideales teóricamente mas elevados, como el patriotismo o la religión.

Robin (Sean Connery) regresa a Inglaterra tras haber seguido a su rey, por el que siente una devoción casi mística, de batalla en batalla, soportando su carácter caprichoso casi hasta la obscenidad, y tolerando las matanzas de inocentes que, él lo sabe, le convierten en cómplice. En el declive de su vida decide abandonar esa vida y buscar en su antigua patria un cobijo para sus remordimientos.

Marian (Audrey Hepburn), por el contrario, decidió abrazar la fe y en la religión para tener una guarida en la que protegerse del dolor asfixiante que le produjo la partida de Robin. Vestida con sus hábitos se siente a resguardo, protegida de todo dolor futuro.

Richard Lester decide, al poner a uno frente a otro, dotarlos de un ligero tono de cinismo, casi pueril, con el cual ni Robin ni Marian se atreverán a mostrar la amargura que ha supuesto sus vidas desde su separación. Pero según avance su relación, ambos comprenden que no tienen tiempo para juegos infantiles, por lo que irán mostrándose vulnerables, expuestos, hasta perder finalmente el miedo a confesarse un amor por encima de reyes y dioses. Así, en la escena final, Audrey Hepburn nos regalará la que probablemente sea una de las declaraciones de amor más bellas y desgarradores llevadas a la pantalla:

»Te amo. Te amo más que a todo, más que a los niños, más que a los campos que planté con mis manos, más que a la plegaria de la mañana o que a la paz, más que a nuestros alimentos. Te amo más que al amor o a la alegría o a la vida entera. Te amo más que a Dios»

Probablemente ésta sea uno de los méritos más destacados de la película: la capacidad de dar un enfoque polémico, enfrentándose a convencionalismos como el de Dios, Patria, Rey, tan habituales en las producciones de Hollywood.

El mito de Robin Hood

Lester revisó el mito de Robin Hood que quedó marcado en la memoria de una generación tras el estreno de Robin de los bosques (Michael Curtiz y William Keigley, 1938). La tarea no era fácil, pues tanto Robin, como Marian, además del rey Ricardo Corazón de León, o el Sheriff de Nottinghan, eran unos personajes muy definidos para el gran público.

Al espectador actual este punto puede resultarle algo incomprensible este matiz, tras haber visto las dos versiones del mito de Robin Hood realizadas posteriormente, protagonizadas por Kevin Costner y por Russell Crowe, dos superproducciones de Hollywood que han eclipsado la antes mencionada de 1938.

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